7 consejos para canalizar la ira de los niños

La ira es una emoción legítima que no debe pasarse por alto, especialmente en los niños. En este artículo damos algunas sugerencias para canalizarlo de la mejor manera.

A veces la ira puede convertirse en una emoción incómoda y difícil de manejar, para algunos incluso inconveniente y que no conduce a nada bueno.

Sin embargo, al igual que la felicidad, es fundamental para un correcto y completo desarrollo del niño, pues provoca una sensación física que viene dada por un aumento de la presión arterial, así como por la elevación de los neurotransmisores ligados al estrés.

Si sois padres primerizos puede que os sintáis impotentes cuando vuestro hijo intenta desahogar esta emoción de forma física, por tanto con objetos u otra cosa, pero sabed que si hasta hace unos años el único método para superar estas situaciones era el puño duro, hoy no lo es más.

Varios estudios e investigaciones han introducido un nuevo modus operandi, ciertamente menos desorientador y más eficiente que las soluciones que de otro modo simplemente tendrían el efecto contrario.

A continuación, hemos identificado algunos consejos que pueden ser útiles para canalizar la ira de los niños.

Educación social y emocional

La célebre pedagoga Maria Montessori, cuando puso la pluma sobre el papel de lo que aún hoy son los principios cardinales de su método educativo, subrayó también la importancia de comprender al niño cuando estalla en cólera.

En estos casos el detonante siempre puede ser diferente, pero un elemento que siempre está presente y que no se debe subestimar es que los pequeños tienden entonces a sentir mal el entorno que les rodea, es decir, que ya no se ajusta a sus expectativas.

Entonces se sentirá ofendido porque no puede tener un juego en particular, o molesto por alguien o algo: en cualquier caso, el primer consejo es empezar a educarlo inteligentemente.

Es decir, descubriendo la belleza de la autonomía, para que siempre se sienta seguro y pueda aumentar su autoestima.

no pierdas la calma

Uno de los errores más comunes que cometen los padres al manejar las rabietas de sus hijos es gritarles creyendo que pueden detener el comportamiento, básicamente tratando de demostrar quién es el más fuerte.

Dicho de esta manera, puede sonar un poco crudo, pero eso es exactamente lo que sucede cuando perdemos los estribos y no podemos manejar la situación a la perfección.

Los niños, especialmente los más pequeños, suelen asimilar mucho el comportamiento de los padres, por lo que es fundamental que los adultos también canalicen su enfado y hablen con los niños de forma tranquila y constructiva.

Juegos y otras herramientas

Muchos educadores ya utilizan este método para canalizar el enfado de los niños, y como afirman muchos pedagogos, utilizar juegos de cocina que se venden online en lugar de otras herramientas útiles para distraerlos es una buena forma de gestionar la situación.

Cuando su hijo de repente se vuelve agresivo y fuera de control por una u otra razón, es una buena práctica no considerar que carece de capacidad cognitiva.

Por ello es necesario explicarle qué emoción está sintiendo, quizás incluso utilizando herramientas como la cesta de la ira, construyendo así una caja personalizada en la que los más pequeños puedan desahogarse gritando o dejando notas llenas de pensamientos.

Pintando y dibujando

Otro método igualmente funcional es canalizar el enfado de tu hijo hacia una actividad artística, ayudándole así a crear pequeños cuadros para colgar en la habitación o dibujos coloridos para guardar en el cajón.

Mediante el uso manual de pinceles o lápices, esa emoción agresiva y aparentemente inmanejable que están experimentando puede transmutarse en un producto satisfactorio, que además activa la sensación de satisfacción y placer en los más pequeños.

Una vez que haya creado una pequeña pintura con acuarelas, también puede organizar una velada temática e invitar a todos los miembros de la familia a la sala de estar, como si estuviera en una exposición de obras de arte.

El deporte y sus límites

¿Qué pasaría si la ira se convirtiera en una herramienta para que los niños y los padres finalmente tomaran conciencia de sus límites?

Esta pregunta se ha planteado a varios expertos a lo largo de muchos años de investigación y la respuesta siempre es positiva: a través de pruebas de fuerza, actividad deportiva o cualquier otro ejercicio en el que los niños puedan dar rienda suelta a su ira, este último es más fácil para ellos. para que entiendan cuánto daño pueden causar a los demás.

Al hacerlo, también enseñarás otras formas de poder transformar la ira en un sentimiento más valioso, y permitirás que tu hijo tome conciencia de otras características suyas, ayudándolo en la fase de crecimiento.

Cuatro pasos al aire libre

Un aspecto de la naturaleza tan importante y poco considerado es su capacidad para regenerar emociones y sentimientos: ¿cuántas veces un paseo por el campo o por una arboleda te ha permitido poner en orden tus ideas?

Aquí, lo mismo ocurre también con los más pequeños, que, llevados por celos, caprichos u otra cosa, tienden a volverse agresivos e irascibles, sin razón lógica aparente.

Descubran juntos la naturaleza, los animales, plantas e insectos que viven en el pinar cercano a la casa, o vayan a la playa, paseen y hablen como si estuvieran discutiendo con su mejor amigo.

De esta manera, su hijo se distraerá y canalizará la ira hacia una actividad al aire libre atractiva, lo que le permitirá crear recuerdos duraderos.

Finjamos que…

Un mago, un dragón, una princesa o cualquier otro personaje: cuando los niños explotan en un ataque de ira, otra sugerencia que queremos darte es que finjas vivir en un mundo de fantasía.

Tómate unas horas solo para ti y construye un vestido con algunos objetos clásicos que también tienes en casa con los que montar un espectáculo de teatro improvisado en el salón de tu apartamento.

Este método te permite hacer gala de tu creatividad e imaginación, canalizando la ira de forma constructiva y dinámica, y además incorporando una pizca de empatía y diversión que nunca está de más.