Los 7 puntos clave del método Montessori

María Montessori, en 1909, publicó un volumen que quedó en la historia de la pedagogía: he aquí los elementos fundantes de su método.

Cuando eres padre u obtienes un diploma como educador, el impacto con la realidad puede ser difícil y desorientador: a partir de ese momento, ya no se tratará de tener que cuidarte solo a ti mismo, sino de crecer y empoderarte en el mejor manera posible también otro ser humano.

Afortunadamente, cuando no sabes cómo comportarte, puedes acudir a un profesional, es decir, a un psicólogo o, mejor aún, a un educador que pueda ayudarte en esta experiencia, orientándote por el camino más correcto.

El método Montessori debe su nombre a la famosa y homónima neuropsiquiatra y científica infantil italiana, entre otras cosas una de las primeras mujeres en obtener un título en el Bel Paese. Hoy, este sistema educativo se practica en todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Canadá, desde el Reino Unido hasta Bélgica y Dinamarca: hay más de 50.000 escuelas que lo adoptan.

Si tienes curiosidad e interés por saber más sobre el método Montessori entonces estás en el lugar adecuado, porque leyendo las siguientes líneas podrás hacerte una idea de los nueve puntos clave en la base de la pedagogía Montessori.

Acostúmbrate a la precisión

Un excelente ejercicio que sirve principalmente para desarrollar la armonía entre el cuerpo y la mente es enseñar a los más pequeños a poner la mesa con escrupulosidad, o a servir a sus amigos, pero también a los familiares en la mesa.

Según María Montessori, los niños se sienten atraídos instintivamente hacia determinadas acciones en las que pueden mostrar sus habilidades de manera exacta. Por lo tanto, incluso lavar los platos juntos, cocinar y colocar los platos limpios en la alacena pueden ser momentos de entretenimiento y al mismo tiempo educativos.

Acostumbrarse a la precisión es fundamental para que los pequeños adopten un determinado modus operandi, el mismo que les ayudará cuando crezcan y tengan que chocar con el mundo que les rodea.

Nunca prevenga porque es demasiado pequeño

Probablemente de niño habrás escuchado al menos una vez a tus padres decir: «¡no, no puedes hacer esto porque no eres grande!».

Aquí, según María Montessori no hay nada más malo que infundir dudas y socavar la autoestima del niño a través de estas frases tan obvias y que para algunos hasta pasan a escondidas.

En cambio, es bueno demostrar cierta confianza y que se realicen tareas más fáciles y al mismo tiempo satisfactorias: cuando los pequeños se sienten satisfechos, saben que han dado lo mejor de sí, por lo que se animan a hacerlo cada vez mejor.

Viva la independencia

Hemos llegado a uno de los pilares más importantes y conocidos del método Montessori, que es la educación del niño hacia la independencia.

Según el educador italiano, el verdadero potencial sólo se encuentra en la juventud, es decir, cuando se está libre de los prejuicios que la sociedad, la escuela y el entorno familiar siembran durante el crecimiento.

La tarea principal de los educadores es enseñar a los niños a realizar ciertas acciones por sí mismos, acostumbrándolos a pequeños y grandes logros. Por lo tanto, en lugar de alimentar, limpiar y lavar constantemente a su hijo, déjelo realizar estas operaciones de forma independiente.

El educador debe observar

Al contrario de lo que se pueda pensar, el educador que sigue el método Montessori casi nunca tiene que intervenir.

El principio del ángel guardián establece que quien sigue los movimientos de los pequeños debe ser simplemente un observador atento, respetándolos si cometen errores, guiándolos y mejorándolos a través de la independencia.

El educador puede entrar claramente en el campo por si hay algún peligro para el niño y para los demás, pero siempre es mejor dejarlos jugar sin forzarlos a tal o cual actividad.

Nunca fuerces

El respeto es la base de todo, por eso incluso la pedagoga Montessori, estudiando en profundidad la dinámica de los niños, ha entendido y añadido a su método el principio que dice: “nunca obligues a un niño a hacer algo”.

Cuando los pequeños inician una actividad y se quedan quietos sólo en esa, por tanto sin pasar a otros juegos, es bueno no intervenir, haciéndolos relajarse, aunque se limiten a observar a los demás compañeros.

Esto es lo que significa respetar a los más pequeños: este es un principio esencial que siempre deben tener en cuenta, tanto los padres como los educadores de jardín de infancia.

contacto con la naturaleza

Más allá de sus edificios grises y las luces de las farolas sabemos que hay un mundo natural por explorar: el sentimiento que se gana en contacto con la naturaleza y por tanto también el respeto por ella son elementos fundamentales para los niños.

Aquí también entran en juego sus tiempos, pensamientos y deseos: si das un paseo por la montaña, por el mar o por el campo, no lleves a tu hijo en brazos, déjalo libre para caminar, para descubrir las flores por el borde del camino y los pájaros que vuelan entre las ramas de los árboles.

Más bien, usted es quien tiene que adaptarse y mantenerse al día con él.

Desarrollar talentos

El pensamiento científico y pedagógico Montessori tiene como elemento fundante el correcto crecimiento y desarrollo del niño.

Si has leído hasta aquí, ya lo sabrás, pero dado que aún hoy en día muchos docentes y educadores siguen equivocándose en el trato con sus alumnos y, en general, con los más pequeños, es bueno reiterar la importancia de otro principio cardinal: desarrollar talentos.

Los mayores deben aprender a consolidar y aumentar todos los aspectos positivos del niño, por tanto también sus cualidades y aspiraciones.

Si, por ejemplo, a tu hijo le encanta pasar mucho tiempo creando recetas (a veces incluso absurdas), podrías considerar comprar los mejores juegos de cocina.

Además, María Montessori también recomienda nunca hablar mal de los demás.